Yo no creo en Dios.
Yo no practico ninguna religión.
Pero por más desapegado que sea de las tradiciones, en algún lugar pongo lo que la metafísica llamó "el alma". Esos estandartes, que son como grandes mantas con las que nos cubrimos los apátridas del cielo, son conocidos como "ídolos". Hoy, dos de ellos se van de la faz de la Tierra. Por un lado, una mujer con la que varios de una generación soñamos. Eran nuestras primeras impresiones de beldades lejanas que aparecían por esa caja negra que nos contaba lo que el mundo era más allá de las calles que recorríamos cuando eramos adolescentes.
Por otro lado, un Rey con trono lumínico huye del reino de los vivos, dejando un legado que no se puede negar. Recuerdo, de niño, ver sus videos, que eran la apoteosis visual. Efectos, historias, movimientos. Maravillado veía sus revelaciones en la caja negra. Cada paso que daba era todo un acontecimiento en el mundo del videoclip.
Mesiento, hoy, y pienso: los ídolos en que he creído son de carne y hueso como yo. Y se mueren. Si se van, ¿qué queda?
No es tan fácil como cambiar de creencia religiosa o de partido político (algo que hoy sucede como cambiar de VH1 a MTV). Es extraño, se sienten burbujas de aire en las venas. Eso ha de ser la percepción de saber que nos estamos volviendo viejos. O que todo son ciclos en espirales ascendentes o descendentes. O la prueba fehaciente de que todo cambia. ¡Todo!

Yo no practico ninguna religión.
Pero por más desapegado que sea de las tradiciones, en algún lugar pongo lo que la metafísica llamó "el alma". Esos estandartes, que son como grandes mantas con las que nos cubrimos los apátridas del cielo, son conocidos como "ídolos". Hoy, dos de ellos se van de la faz de la Tierra. Por un lado, una mujer con la que varios de una generación soñamos. Eran nuestras primeras impresiones de beldades lejanas que aparecían por esa caja negra que nos contaba lo que el mundo era más allá de las calles que recorríamos cuando eramos adolescentes.
Por otro lado, un Rey con trono lumínico huye del reino de los vivos, dejando un legado que no se puede negar. Recuerdo, de niño, ver sus videos, que eran la apoteosis visual. Efectos, historias, movimientos. Maravillado veía sus revelaciones en la caja negra. Cada paso que daba era todo un acontecimiento en el mundo del videoclip.
Mesiento, hoy, y pienso: los ídolos en que he creído son de carne y hueso como yo. Y se mueren. Si se van, ¿qué queda?
No es tan fácil como cambiar de creencia religiosa o de partido político (algo que hoy sucede como cambiar de VH1 a MTV). Es extraño, se sienten burbujas de aire en las venas. Eso ha de ser la percepción de saber que nos estamos volviendo viejos. O que todo son ciclos en espirales ascendentes o descendentes. O la prueba fehaciente de que todo cambia. ¡Todo!





